Libertad que Esclaviza

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Toda persona que haya participado en vigilias de oración frente a una clínica de aborto ha observado varias veces la siguiente interacción: el acompañante masculino (¿Pareja? ¿Novio? ¿Esposo? ¿Amigo? ¿Hermano? ¿Padre? ¿Tío?) empuja emocionalmente, e incluso físicamente, a la mujer que luce aturdida y renuente a entrar. Con frecuencia lo hace con ademán amenazante, hostil, o autoritario. Otras veces es la acompañante femenina de su edad (¿Amiga? ¿Hermana?) o mayor (¿Madre? ¿Tía? ¿Vecina?) la que así la induce. La mujer, a regañadientes, visiblemente angustiada e indecisa, finalmente entra a la clínica de torturas — tanto para ella como para su bebé. El/la acompañante la espera impacientemente afuera en el vehículo, o entra con la joven como si quisiera cerciorarse de que ella permanezca adentro hasta que todo concluya. Parecería estar pensando: “¡que no se atreva a vacilar en “su” decisión!” ¡A esto se le llama derechos reproductivos y libertad de la mujer!

Esta cara real del derecho a elegir no la muestran los defensores del llamado “derecho al aborto.” Profamilia, y los demás aliados y colaboradores de Planificación Familiar (Planned Parenthood), presentan un cuadro de absoluta libertad en el que la mujer, autónoma y gustosa, “elige” someterse al aborto.

Sin embargo, la realidad suele ser otra. Si bien hay algunas mujeres que entran aparentemente con actitud despreocupada o desafiante, son muchas las otras que, a veces apenas adolescentes, esos acompañantes — generalmente varones — “escoltan” a la clínica cual víctimas arrastradas al patíbulo. Con frecuencia son ellos los que se apoderan del material pro-vida que hacemos disponible al frente de la clínica. Ellos eligen la ignorancia, el dolor y la esclavitud para la joven mujer a quien alegan amar o querer.

Sí, ni siquiera le permiten a la joven leer dicho material que educa, que afirma la vida y que ofrece ayuda. ¿Será porque temen que la joven se retracte al ver las terribles consecuencias de dicho procedimiento? ¿Será porque saben que la joven cambiará de parecer al ver las imágenes del desarrollo prenatal del bebé? ¿Será porque eligen cerrar sus oídos a las plegarias que rezamos a Cristo, Amor y Verdad? ¿De quién, entonces, es la elección? Frecuentemente estos acompañantes tampoco permiten que la mujer, adolorida y abatida luego del procedimiento, tome nuestro material sobre los Retiros del Viñedo de Raquel, en los que podría encontrar alguna sanación para el Síndrome Post-Aborto que probablemente sufrirá.

¿Es ésta la liberación femenina? La esclavitud de la ignorancia, del remordimiento futuro, del miedo, de la vergüenza, del yugo de lo que pudo ser, de la añoranza del hijo que tuvo y cuya vida cortó, de ser cómplice de un mal cuya carga la persigue de por vida… ¿Es esto el derecho a la libertad?

Tú, mujer que te encuentras en esta encrucijada: No permitas que otros decidan por ti. Escucha la voz de la vida que en ti late y que te habla con más verdad, amor y fuerza que cualquiera de aquéllos que hoy te presionan, te confunden y te engañan. No sucumbas al qué dirán ni a lo que aparenta ser más fácil pero que realmente es tu esclavitud y la muerte de tu hijo.

Y tú, que puedes aconsejar, o tal vez pienses acompañar a esa mujer — a esa amiga, a esa hermana, a esa hija — a la clínica que acaba vidas y esperanzas: No te unas al “sal del problema ya”, al “eso no es ná”, al “ya se te pasará”, al “tú no eres la única”. De así hacerlo, quizás posteriormente racionalices tu acción y tragues tu complicidad, pero es ella quien sufrirá las profundas heridas físicas, emocionales y espirituales a lo largo de su vida. No tapes hoy sus oídos ni los tuyos. No desatiendas su llamada que te pide verdadero consuelo y apoyo, no abandono y destrucción. No trates de acallar la pequeña voz que la invita a la vida desde su interior.

Sólo somos realmente libres al elegir la vida. ¡Elígela siempre!

Fuente: fielesalaverdad.org

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