Imágenes de abortos: ¿sí o no?

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Pregunta. Simpatizo con la causa pro-vida. Sin embargo, me inquieta algo. ¿Por qué dichos grupos son tan dados a usar fotos gráficas de bebés abortados durante sus marchas, manifestaciones y otras actividades? ¿No provocan esas fotos sentimientos de culpa en las mujeres que han experimentado el aborto? ¿No denigran la dignidad de los bebés retratados? ¿No enajenan a aquellas personas que las consideran desagradables o extremistas? ¿No sería mejor simplemente orar sin usar ese recurso tan drástico?

Respuesta. Te felicito por tu compromiso e interés en adelantar la causa pro-vida de la forma más correcta posible. También yo he reflexionado mucho sobre tus preguntas. Ojalá llegue el día en que, erradicado ya el mal del aborto, ni siquiera sea posible tomar fotos como ésas. Ése será un gran día. Mientras tanto, te pido que consideres lo siguiente.

Lo que denigra y violenta la dignidad de los bebés es la práctica misma del aborto. De hecho, las imágenes de bebés abortados son incapaces de captar la dura realidad del aborto, el dolor humano incalculable que inflige a sus víctimas. No revelan el desconsuelo que acompaña a mujeres y hombres a lo largo de sus vidas. Tampoco hablan del daño que ocasiona a la fibra social. Las fotos, si bien querríamos que no fueran necesarias, son claro testigo de unas vidas humanas que, aunque breves y tristes, también merecen recordarse y contarse. Sí violenta su dignidad el que se olviden, se ignoren, o se pretenda ocultar sus historias.

Las circunstancias actuales requieren medidas enérgicas. En el ámbito doméstico, en los Estados Unidos, e internacionalmente (por ejemplo, la ONU, países de Europa Occidental, etc.) los gobiernos en el poder favorecen abiertamente los llamados derechos reproductivos, cuya expresión más nefasta es el aborto. Tan solo en los Estados Unidos se estima que el aborto ha cobrado 55 millones de personas desde 1973, fecha de la determinación judicial en el caso Roe vs. Wade. Existe mucha ignorancia, confusión, negación e indiferencia sobre las realidades del aborto. El presente exige medidas que apelen a las intuiciones humanas básicas. Exige medidas que convenzan la razón y conmuevan el corazón.

¿Por qué crees que los que defienden el llamado derecho al aborto ocultan esas imágenes? No encontrarás imágenes de bebés abortados ni de los detalles de los procedimientos abortivos y sus consecuencias (por ejemplo, succión o aspiración, dilatación y curetaje, aborto por nacimiento parcial, hemorragias, etc.) en sus folletos, páginas electrónicas y otros medios de información. Tampoco te mostrarán imágenes ultrasonido de bebés en desarrollo. ¿Realmente educamos si, como ellos, ocultamos la realidad? ¿No es un engaño la omisión de datos ciertos e indispensables? Nuestras marchas, vigilias, y otras manifestaciones son momentos de educación y oración, en la paz que emana de comunicar la verdad con amor.

Las fotos de las víctimas del Holocausto Nazi, tomadas en los propios campos de concentración, lograron que muchos finalmente reconocieran lo que desconocían o se resistían a aceptar. Algo similar ocurrió con los crueles linchamientos por miembros del Ku Klux Klan. Todas estas víctimas tenían el derecho inalienable a la dignidad, a la vida. Es terrible ver su dolor. Su sufrimiento y muerte fueron inaceptables, pero su testimonio silente conmovió muchas conciencias y provocó cambios legales y sociales necesarios. Su testimonio, captado en esas imágenes, ha dejado un legado de conversión y mayor justicia. Hoy muchos antiguos defensores del aborto lo repudian porque una imagen les demostró que el embrión o feto humano no es simplemente un tejido o una masa de células sino una persona humana. Sobre todo en nuestros días — en que la Internet, la televisión, el cine y otros medios de amplio contenido visual son tan populares — la imagen con frecuencia habla más elocuente y persuasivamente que la palabra.

¿Se oculta el Crucifijo porque se teme que el horror de la Crucifixión ofenda? ¿Porque se sienta culpabilidad o sea desagradable? No. El escándalo de la Cruz, el sacrificio redentor de Cristo, nos llama al amor hacia nuestro Padre y hacia nuestros hermanos. Así oramos y educamos: con la verdad y por la Verdad, con amor y por el Amor. No debemos rehuir ni ocultar la verdad, sino proclamarla con amor. El amor auténtico está anclado en la verdad.

Nos duele profundamente tener que mostrar fotos de bebés abortados. Hacerlo es sumamente difícil. Requiere valor, convicción, e inmensa compasión. Nos duele profundamente que muchas mujeres, víctimas también del aborto, sufran. Sufren enormemente aún si nunca han visto tales imágenes. Nos duelen las heridas de hermanos, padres, abuelos, familias.

Nuestro propósito no es ofender, ni denigrar, ni humillar, sino alertar y educar con los hechos: tanto los hermosos del desarrollo de la persona humana desde el momento de la concepción, como los devastadores del aborto. Nadie merece experimentar el martirio que el aborto inflige. Buscamos también orientar sobre las vías de reconciliación y paz interior para quienes así se atormentan. Mostramos dichas imágenes no de forma desproporcionada o indiscriminada, como desafío o desprecio sino, por el contrario, con prudencia, respeto y verdadero amor cristiano. No obligamos a nadie a contemplarlas. Mejor enfrentar hoy una dura realidad que en un mañana reconocer en una imagen a quien pudo ser el hijo propio. Solo podemos ser realmente libres si conocemos bien las opciones. La ignorancia, el engaño, la evasión o las medias verdades en torno al aborto no liberan, sino que esclavizan.

El autor de este artículo (PhD, MA) enseña cursos de ética aplicada y hace investigaciones en este campo.  

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