El aborto te dolerá para siempre

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Sucedió hace 10 años, cuando me quedé embarazada. Estaba divorciada, realmente estaba sola. Mi primera reacción fue dejarme llevar por el pánico. Tenía una hija de cuatro años, trabajaba de vez en cuando, así que ganaba poco. Cuando el futuro padre del niño se enteró de la situación anuló su promesa de matrimonio. No tenía ningún medio de sustento seguro, ni tampoco sabía dónde buscar ayuda. Cuando me dirigía a mis amigos, cada uno me daba distintos comentarios: “¿Cómo te vas a mantener con lo que ganas?”, “y además ya tienes un hijo que mantener”, “ ¿con qué vas a pagar el parto y las estancia en el hospital?”.  Estaba totalmente desorientada, nadie me amparó, me cobijó, me preguntó lo que sentía, bastaba con una pizca de amor o apoyo…

La primera persona en darme como solución el aborto fue una amiga, que ya hace 25 años abortó ilegalmente. Ahora el aborto es legal y “seguro”, y apesar de que ella no puede tener hijos a consecuencia del aborto, insistía en que lo hiciera. Me sentía atrapada, con poco tiempo para meditarlo… Me sentía desorientada y perdida, no sabía qué hacer. Mis amigos decidieron tomar la iniciativa y ocuparse del tema ellos mismos, me dieron la sensación de convertirme en una persona ajena, observadora desde fuera, como si realmente no fuera yo la afectada. No busco culpables, sinceramente obraron pensando en lo que sería lo mejor para mí. Es por ello que ahora me doy cuenta de lo importante que es que la gente sepa ¡enseñar e instruir lo que realmente es correcto!

Estaba en Cleveland, en casa de unos amigos, que me llevaron a la clínica para abortar. Mi corazón me decía que obraba mal, pero mi sentido común me sugería que debía hacerlo – todos ellos me convencieron. Me quedé sola en la clínica, me cobraron 200 dólares, me hicieron algunas pruebas de embarazo, y me asignaron un armario metálico como los que hay en los vestuarios de las piscinas. Me dieron un pijama de tela de papel de un sólo uso. Todo a mi alrededor era frío, el personal se comportaba de forma mecánica y formal.
Sin compasión ni apoyo, como en una fábrica. Me dejaron a la espera en una pequeña sala, llevándome luego a otra habitación donde me pidieron que me estirara en una mesa y colocara los pies en una especie de estribo. Todo parecía tan frío que me estremecía. Nunca pasé tanto miedo ni me sentí tan sola. La operación, que en realidad debía de ser indolora, no acabó siéndolo del todo. Cuando me extirparon el nińo, sentí un dolor tan fuerte que se me corrieron lágrimas en los ojos. Me dijeron que me acostara relajadamente y que “ahora mismo todo se iba a acabar”. Tras el aborto me llevaron a otra habitación, donde pude estirarme media hora. Acabado el tiempo me pidieron que me levantara y marchara. Me dirigí a mi armario metálico para vestirme. Tenía que presentarme al médico de familia después de seis semanas. Pregunté si podía llamar para que vinieran a buscarme y me respondieron que para pacientes públicos el hospital no tenía teléfono, que si quería llamar lo hiciera desde la cabina de fuera. Salí a la calle. Hacía frío, un día de noviembre. Cuando esperaba delante de la clínica para que me recogieran estaba helada, sentía náuseas, mareos, soledad y vacío. Vino a buscarme una conocida junto con su amiga que se dirigían a comer algo, así que no me quedó otro remedio que acompañarlas. Quería estar simplemente con alguien. Dos días después alguien de mis conocidos me llevó de regreso a casa y literalmente me dejó delante de la puerta de mi casa. Es curioso que tanta gente quisiera aconsejarme antes de abortar y que después estuviera completamente sola…

Todo lo que sucedió más tarde me recordó más a una pesadilla que a la realidad misma. Por la noche soñaba con mi propio hijo asesinado… Empecé a beber, llegué a beber 5 botellas de alcohol a la semana, algunas veces no comía durante días, y otras me forzaba a comer hasta el punto de vomitar todo lo que había comido. Al final acudí al médico y resultó ser que después del aborto se me infectaron las vías genitales. El doctor empezó a medicarme pero sin eficacia. Cuando le comenté mis pesadillas nocturnas y mis ataques de nervios, me recetó tranquilizantes. Nada de ayuda, nada de consejos – sólo pastillas…
Tomaba tranquilizantes por la noche para dormir profundamente y pastillas estimulantes durante el día para resistir. Cuatro veces me apliqué conscientemente una sobredosis para intentar matarme. No creo que entonces quisiera morir, simplemente quería que alguien se ocupara de mí, me escuchara, ayudara. Quería que este sufrimiento por fin se acabara. El doctor intentó curar mi infección a consecuencia del aborto cada vez con nuevos medios pero sin efecto. Fui cambiando de médico hasta que al final tuve que ser operada quirúrgicamente porque la infección estaba deteriorando el cuello de la matriz. Poco después empecé a sentirme mejor. Finalmente conocí al hombre que actualmente es mi marido. Gracias a su amor y apoyo he empezado a vivir de nuevo. Juntos empezamos a ir a la iglesia, donde acabé encontrando a Jesucristo, mi Salvador. Me perdonó lo que hice, pero ha transcurrido mucho tiempo hasta que he sido capaz de perdonarme a mí misma.

Tras un largo período de muerte espiritual y de experimentar el verdadero infierno pude volver a vivir. Con frecuencia sentí los efectos físicos del aborto: menor resistencia del organismo y por lo tanto continuamente nuevas infecciones, tumores, endometriosis. Al final los doctores me confirmaron que no había ninguna cura eficaz y que me tenían que extirpar la matriz. 10 años después, el aborto me pasó “factura”.

Cuando pienso en lo sucedido, si entonces hubiera recibido algo de amor, entendimiento, apoyo y, ante todo, un verdadero conocimiento de lo hechos relacionados con el aborto, nunca me hubiera decidido por el aborto. Abortar duele y duele para siempre. Creo que las asociaciones de mujeres que han abortado deberían conseguir más audiencia. Tenemos derecho a advertir del dolor. El conocimiento de que millones de mujeres han sufrido la misma pesadilla me destroza el corazón.

-Carolyn

El testimonio de Carolyn, publicado en el libro “Aborted Women. Silent no more”, nos desvela la peor desgracia en el mundo de las mujeres, el aborto y sus trágicas consecuencias.

Traducido por ”Miłujcie się!” (del polaco: “Amaros”) www.pro-life.pl

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